Mañana me levantaré y será un día normal. Posiblemente caiga una llovizna tímida, porque a estas horas de la noche, cuando ya estoy a punto de irme a dormir, el cielo está bastante encapotado, y además, porque el hombre del tiempo lo ha dicho en el telediario.
El día será normal, pero yo no. Porque no sé por qué insólito motivo, sólo seré capaz de discernir correctamente los objetos de color rojo. Eso me pondrá harto nervioso. Normalmente distingo muy bien los colores. Al irme a vestir, me tendré que poner todas las prendas de ese color, ya que si no, aunque palpe en el armario, podría llegarme a poner una camisa fucsia con un pantalón verde y unos zapatos blancos. A pesar de que ahora resulte que estén de moda los colores fuertes mezclados entre ellos, preferiré no correr riesgos e ir vestido de diablo.
En el parking, deberé transitar con mucho cuidado, porque sólo veré los coches rojos y no sabré si hay otros automóviles o no. Por suerte, mi coche es rojo, así que lo encontraré, me subiré en él, arrancaré, y lo conduciré a través de la rampa. Una vez fuera, no seré capaz de salir al exterior, porque no veré los otros coches, y tampoco sabré si el semáforo está cambiando de verde a ámbar. O sea, que devolveré el coche al lugar de donde habrá salido y cogeré un autobús, que por suerte será rojo, para ir a la Pelu.
Al enfilar una calle paralela al mar descubriré que hará mala mar, porque la bandeja roja estará izada. Por la izquierda nos adelantará un ferrari. Hará mucho que no veía uno por las calles de Barcelona. La crisis está afectando a todos los sectores.
En la calle, un hombre sacará una cajetilla de Marlboro y, por el gesto que hará, cogerá un cigarrillo, se lo llevará a la boca y lo encenderá con un mechero de color rojo que habrá extraído del bolsillo de lo que, a juzgar por la distancia del suelo, deberá ser el pantalón de su traje.
A mi lado, una chica sacará un yogur de esos naturales que llevan mermelada de fresas debajo. Digo yo que deberá ser de esos, porque en realidad solo veré la mermelada y las fresas estampadas en el papel del yogur.
Por suerte, el botón de “deténgase en la próxima parada” del bus será rojo y podré presionarlo y bajarme en la esquina de la calle donde tengo la Pelu.
Desayunaré un zumo de tomate, que es lo único que veré, y para prepararme para el lunes que me espera, le pediré al camarero que me lo convierta en un Bloody Mary bien cargado.
Afortunadamente, mi primera clienta será una chica que el día anterior se habrá quemado en la playa, irá ataviada con atuendo rojo por encima de la rodilla, se habrá hecho un mal tinte caoba en casa, y querrá que se lo solucionen profesionalmente, porque si no, no habría podido empezar mi jornada laboral.
Y ya sé que es un poco extraño escribir un cuento en futuro e incluso reconozco que es incómodo de leer, pero es que estoy un poco cansado de escribir en pasado. Mañana será otro día, aunque también sea futuro.

