dimarts, 19 d’octubre del 2010

El estrés de los pájaros

Antes de abrir la persiana e incluso de que lleguen las peluqueras y empiecen con la deliciosa verborrea que inunda todos los espacios, me gusta ojear la prensa que me trae Bernardo cada mañana. Hoy no ha llegado, y por eso me he entretenido, café con leche en mano, con un Muy Interesante del mes pasado que corre por allí. El primer artículo me ha sorprendido, porque me he sentido muy identificado. Decía el Muy en cuestión que las farolas y otras luces nocturnas afectan a los pájaros, ya que creen que amanece antes y empiezan a cantar a destiempo, duermen menos y padecen más estrés. Además, al estar activos antes, las hembras creen que son de más “calidad” (cito textualmente), se aparean más de la cuenta, y eso les agrava el estrés. ¡Mira por dónde se nota que no soy científico, porque a mí me daba que la acción del sexo iba bien contra el estrés!
Y digo yo que la luz de las farolas afecta a los pájaros y a los que no somos tan pájaros, porque este tema lleva ya unos días que me viene preocupando.
Hace poco que me he trasladado a la ciudad, porque después de mi separación pensé que debía cambiar de aires. Lo primero que me llamó la atención fue que en mi pueblo durante la noche era de noche, cosa que a mí me parecía de lo más normal, pero ha resultado que no. En la ciudad, de noche no es de noche. Menos mal que lo ha dicho el Muy, que quieras que no, es una autoridad en esto de la ciencia, porque si lo llego a decir yo, me hubieran encerrado.
La cosa es que alrededor de mi casa nunca es de noche. Si está despejado, el cielo es más o menos oscuro, pero los alrededores son siempre naranja, como podéis apreciar en la foto. En cambio, si tenéis la mala suerte de que esté encapotado, la luz naranja se refleja en las nubes, lo invade todo formando un globo de dicho color, como si viviéramos en Marte. Eso me hace dormir mal, y en el fondo menos, como a los pájaros, con lo que es posible que mi estrés provenga de eso. Aunque, desafortunadamente, nunca tenemos el paquete completo y la segunda parte, la del apareamiento, me ha dejado de lado.
La cosa es que llevo mucho tiempo invertido en averiguar sin mucho éxito de dónde sale la susodicha luz.
Hoy, al llegar a casa, he reventado la farola de delante de mi casa para fundir la bombilla, pero la extraña luz ha seguido emanando totalmente ajena a mi agresión.
Luego me he pasado por una tienda Orange para ver si ellos tenían que ver con el fenómeno, aunque solo fuera por afinidad nominal, pero me he ido desazonado porque la chica me ha dicho que a pesar de hablar en correcto español no me entendía y yo no he podido llegar a entender lo que no entendía.
Hace un rato ha llamado al timbre mi vecino Pedro. Ha venido con su hijo: ¿Verdad que tú tienes un Iphone? Es que mi hijo pequeño me lo cogió hace un par de semanas y se me ha quedado bloqueada una aplicación de realidad aumentada en el botón del naranja. ¿Sabes cómo puedo desbloquearla? Le he dicho que no, pero que iba a llamar al Muy Interesante para decirles que ya sé cómo solucionar el problema de estrés de los pobres pájaros que tan preocupado tenía al científico del artículo.

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