Estoy leyendo un libro en el que cada página es como una polaroid, y el conjunto de ellas como si pegaras cada una de las fotos en una pared. Cuando las miras de lejos, lo bigarrado de sus colores te hace parecer como que son una multitud de diferentes realidades, pero a medida que te vas acercando ves que algunas de las fotos se tocan entre ella por las puntas, y que el flujo de una historia se desplaza por las entrañas de los colores haciendo que se mezclen formando realidades nuevas.
El hecho es que varias de esas polaroids, no sé si en serio o como ficción literaria, hablan de micronaciones. Transcribo más o menos literalmente una de ellas: En 1971 un grupo de 18 hippies tomó una base militar en Dinamarca y proclamó allí el estado libre de Christiania, una micronación. Tras mantener un pulso con el gobierno danés, en 1987 fue reconocida como un microestado independiente. La población actual está compuesta por 760 adultos, 250 niños, 1.500 perros y 14 caballos.
A mi me parece que debe ser ficción, dada la desproporción entre adultos, niños y perros, a menos que los últimos sean la base de la alimentación de los primeros.
Pero no fue dicha desproporción lo que llamó mi atención. La existencia de tantos animales en un ambiente humano me ha hecho pensar en la invasión zoomórfica que sufrió un amigo de mi vecino en sus zonas nobles hace un par de años. Pienso que quizás, aquellas formas de vida animal también se estuvieran manifestando para declararse micronación y estaban manteniendo un pulso con el propietario de aquel cuerpo. De hecho, si me lo vuelvo a encontrar, le preguntaré quien ganó el litigio, aunque por su estado de ánimo últimamente, creo que la respuesta se responde sola.
Yo, como no soy nada belicoso, he proclamado la independiencia de un grupo de extraños visitantes que se instalaron, pacíficamente, todo hay que decirlo, en el jardín de mi casa hace unas semanas. La verdad es que no molestan nada, y son muy graciosos. Tienen un tronco tubular, y grandes ojos en lo que debe ser su cabeza. No sé cómo andan, porque en vez de pies, tienen una especie de plataforma. Son pequeñitos; en total, de extremo a extremo (no me atrevo a llamarlo de pies a cabeza) no deben superar los tres centímetros, y entiendo que se comunican por medio de telepatía o algo así, porque nunca los he oído hablar. Viven en blanco y negro, a diferencia de las polaroids de mi libro.
Supongo que son una comunidad pequeña, más o menos del mismo tamaño que inicialmente la de los hippies de Dinamarca, y por ello he pensado que también pueden declararse micronación. Por eso, les he puesto una especie de caseta, les riego periódicamente el jardín, y he puesto esta señal de la foto, para que nadie, en su despiste, los pise.
Pero aún estoy esperando que me den las gracias…

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