dissabte, 9 d’octubre del 2010

El fantasma de mi vecino

He estado más de tres semanas llegando a la peluquería hecha trizas, durmiendo fatal, por culpa de mi vecino Pepe. El tipo ya solía ser bastante ruidoso, pero desde que murió, hará ahora más o menos un mes, venía a despertarme cada día hacia las 3 de la madrugada. El problema es que una vez me despierto por la noche me cuesta mucho volverme a dormir, y a Pepe le dió una obsesión conmigo y sólo me dejaba en paz después de un par de horas de charla y negociación. Suelo acostarme tarde, por lo que raramente podía dormir más de 4 horas, y la verdad, no podía acostumbrarme.

Quizás, dicha obsesión tuviera algo que ver con la forma en que murió. Según me fue explicando, como en fascículos, estaba locamente enamorado de mí desde un día en que me vió bebiéndome un frappé en un distinguido bar de la Diagonal que acababa de abrir un amigo mio. Se ve que mi manera de sorber la pajilla con la que degustaba mi bebida le había abierto cierta obsesión sexual.

Como iba diciendo, Pepe murió de un ataque al corazón, pensando en mi, mientras hacía el amor como un poseso a una novia que se había echado pocos días antes. Pepe venía todas las noches a reclamarme, porqué me acusaba de haberle causado la muerte por el exceso de pasión con que el solo pensamiento de mí le inducía a emplearse en la faena con Lidia.

¡No había manera de convencerle de que me dejara en paz! Yo no tenía nada que ver con él. A penas le conocía. Vagamente hubiera podido recordar su cara antes del incidente. Pero el amor, y las obsesiones en particular, son de difícil solución.

Un día, mi jefe empezó a recriminarme que mi rendimiento había bajado en picado, que las clientas se quejaban de mí. La calidad de mis cortes dejaba mucho que desear, ya no era tan atenta con ellas, las quemaba con el secador, o con el agua demasiado caliente cuando les lavaba el cabello, no les ofrecía un cortado mientras esperaban ser atendidas, y hasta alguna que otra se había llevado un corte de cuchilla, además del de pelo.

No sabía cómo manifestarle a mi jefe que toda esta situación era ajena a mi voluntad. ¿Cómo hablarle de las visitas de Pepe sin que pensara que estaba loca?

Pensé en poner una cámara de video para grabar las visitas, pero cada vez que al día siguiente las reproducía, me veía y me oia a mí, hablando y gesticulando sola como una estúpida.

Dos semanas después, cuando estaba a punto de confesarle a mi jefe cual era la fuente verdadera del problema, el cliente a quien estaba cortando, un chico rubio de largas y cuidadas melenas, me comentó: “Jolín, el periódico cada vez más parece un relato de sucesos. Mira este: Muere una persona atropellada por el Tram en Sant Roc, Badalona. La mujer, de 25 años, responde a las iniciales LRP. El sepelio tendrá lugar mañana en el Tanatorio de Sancho de Ávila a las 11:00 horas”.

Aquella noche, Lidia vino a llevarse a Pepe, y ya no he vuelto a saber nada más de ellos. Por suerte duermo mejor.

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