dijous, 11 de novembre del 2010

El radiólogo


Hoy me ha cogido una paranoia alucinante.

Desde hace unas semanas tengo un dolor punzante en el brazo izquierdo. Al principio empezó como nada, pero ahora me molesta mucho, ya que es la extremidad con la que corto y eso me hace no estar cómoda mientras trabajo. Este oficio, si se hace bien, tiene un componente artístico muy importante, y de la misma manera que un pintor o un escultor no pueden trabajar adecuadamente si no están plenamente concentrados, a mi me pasa que, si por lo que sea, tengo las facultades mermadas, mi trabajo se resiente considerablemente. Soy la mejor profesional de la peluquería. A veces me atrevería a decir que incluso mejor que mi jefe, aunque su orgullo masculino nunca le permitirá reconocerlo.

El lunes fui al traumatólogo y me pidió una radiografía para descartar que se tratara de nada artrítico, lo cual hubiera sido terrible para mi carrera. Corto a unas 15 personas por jornada, y cada día más gente pide que sea yo quien les haga los servicios. Tengo una brillante carrera por delante y la plena confianza del dueño.

Esta mañana, bien temprano, he llegado al centro radiológico con la intención de atender puntualmente mi trabajo en la pelu, pero nada más sentarme en la sala de espera he leído el odioso cartel: Si está o cree que puede estar embarazada, comuníquelo al radiólogo. La verdad es que me he hecho decenas de radiografías, pero nunca había hecho caso a aquel cartel, como si acabaran de colgarlo. El problema es que ayer conocí a un chico en el gimnasio que me gustó enseguida. Solo verle y leer en diagonal su rostro supe que acabaríamos en la cama. Ni él ni yo llevábamos un condón encima y hay fotogramas de la vida que pasan demasiado acelerados.



La verdad es que no había vuelto a pensar en ello hasta ver el dichoso escrito. He entrado en la consulta y de golpe y porrazo me ha asediado un terror sobredimensionado. Doctor, creo que puedo estar embarazada. ¿Cuándo tuvo su última regla? Hace dos semanas. ¿Dos semanas? Entonces como sabe que está embarazada. No lo sé, pero tal como dice el cartel, creo que puedo estarlo. Vale, veamos, ¿y de cuándo cree usted que podría ser? De hace unas horas. ¿Horas? Bueno, sí, de ayer por la noche. ¿Pero si es de ayer por la noche como va a saber si está embarazada? Si hubiera tenido unas tijeras le habría hecho un mal corte de pelo; no pueder haber peor castigo que ese. ¿Cómo tenía que decirle que no lo sabía, que lo único que había hecho era justamente lo que pedía el jodido cartel? Al final he salido corriendo de la consulta sin radiografía y con el tipo mirándome como si fuera una delincuente. Y es que tengo comprobado que en esta vida a los que hacemos lo que se nos pide a menudo se nos queda cara de tontos. Somos unos incomprendidos.

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